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Hemeroteca :: 01/11/2009
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Editorial
Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
El grave problema de despoblación al que se enfrentan comarcas como el Bajo Aragón y Matarraña –desde 1900 han perdido la mitad de su censo– provocó la movilización de vecinos e instituciones hasta que, en el año 2000, se celebraron en Fresneda unas jornadas sobre los Retos de la Integración de Nuevos Pobladores en el Medio Rural y en 2001 se creó la Asociación de Vecinos contra la Despoblación. Meses más tarde y puesto que este problema también amenazaba a otras zonas rurales de la Península, se acordó el trabajo conjunto, la cooperación interterritorial para acoger nuevos habitantes. Así nació Abraza la Tierra –donde participan varios grupos de acción local de Aragón, Castilla y León, Madrid y Cantabria–, una organización que tiene como único objetivo asesorar a esas personas que quieren echar raíces en un pueblo y poner en marcha sus proyectos.

No sé si es por una cuestión puramente profesional o todo el mundo lo percibe así, pero tengo la sensación de que cada vez son más quienes emprenden el trayecto de vuelta –de la ciudad al pequeño núcleo– o el nuevo viaje de su vida –cambiar la urbe por la tranquilidad del campo–. Cada vez es más frecuente, cuando estamos inmersos en un reportaje, descubrir que la propietaria de la casa rural, la artesana o los dueños de un restaurante sean “nuevos en el pueblo” –así titulaba El País Semanal un reportaje el pasado 30 de marzo–.

En la página web www.abrazalatierra.com se pueden leer testimonios de nuevos pobladores y descubrir que para Pilar, propietaria de un alojamiento, lo “fundamental es la calidad de vida; aquí te da tiempo a todo”. En cambio, Mª Eugenia, dueña de una tienda de ropa ecológica, confiesa que le “costó bastante adaptarse, sobre todo a nivel social”; mientras que la pareja de artesanos formada por Aitor y Fernanda, cree que “hay mucha gente interesada en venirse a vivir al entorno rural pero les falta información de cómo acceder a él”. Jesús González, alcalde de uno de los pueblos de la Montaña Palentina, piensa que “es esencial unir nuestro proyecto a Abraza la Tierra, porque la despoblación ha provocado que no haya gente en ellos que quiera implicarse”.

Un valor añadido para estos nuevos vecinos es que el destino que han elegido para cambiar su vida esté rodeado de una naturaleza excepcional. Es el caso de Carmen y María, las propietarias del Palacio Viejo de Las Corchuelas, criadas y formadas en la ciudad y hoy directoras de este alojamiento situado en el corazón del recién declarado Parque Nacional de Monfragüe, el gran protagonista de este primaveral número de mayo.

Pero además, no se pierdan nuestro paseo por Vejer de la Frontera –Cádiz–, la ruta desde Vinuesa a la Laguna Negra –Soria–, el itinerario por los pueblos de la Alcarria, en Guadalajara, el Camino de Santiago a su paso por Madrid… Post Scriptum: Debe ser maravilloso despertar con el canto de los pájaros y no con el sonido del claxon del coche atrapado por una doble fila.
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