Siempre encuentro una justificación para hacer las maletas. Si estoy deprimida, estresada, desesperada… creo que es la mejor manera de escapar. Y si estoy feliz, he recibido una buena noticia, la vida me sonríe… ¿qué mejor homenaje que ese? Lo que quizá sí que dependa de mi estado de ánimo es el destino elegido.
Aunque hay un lugar que se acopla perfectamente a la alegría, la tristeza, la melancolía, el desasosiego… Es Cabo de Gata. Y es que, como dice David Santiago, autor de este reportaje, el lugar tiene dos zonas bien diferenciadas: la oriental, que esconde las mejores calas, playas, marcha… apta para mis momentos de alegría; y la occidental, la que pasa desapercibida, la tranquila, poco explotada y atemporal, la que me sirve de refugio.
Aquellos que conocen este destino almeriense creo que lo entenderán. Y los que no, a lo largo de nueve páginas, descubrirán un espléndido lugar que despertará sus ganas de conocerlo.
Y por cierto, el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar cuenta ahora con un valor añadido, el mirador ubicado en la Punta del Castillo, en la localidad de San José, próximo a la bahía de los Genoveses, y que se ha hecho tras derribar un edificio a medio construir de apartamentos con piscina a pie de un acantilado. Toda una gesta que hay que atribuir a la Asociación de Vecinos de San José y, muy especialmente, a su presidenta Josefina Huertas –ver Postales de Amigos–.
Quizás el calor de julio les asuste y no consideren que éste sea el momento de acercarse hasta este pedazo de costa almeriense… No se preocupen, tenemos otras propuestas que hacerles: un fresquito pueblo de Burgos, Peñaranda de Duero; una ruta por la cacereña Sierra de Gata; unos alojamientos fantásticos; y unas vacaciones algo más ambiciosas en el archipiélago de Malta…
Post-Scriptum: Ya dice un amigo que “viajar es la mejor manera de disfrutar, crecer, aprender, sentir, olvidar…”