Este mes les mostramos un casi desconocido espacio andaluz –no es ni Cabo de Gata, ni Doñana, ni la Sierra de Segura–: el Parque Natural Sierra de Hornachuelos, 67.202 hectáreas protegidas de la provincia de Córdoba. Espero que, como yo, a medida que vayan avanzando en la lectura del reportaje se vayan dejando envolver de los aromas que desprenden los encinares y alcornocales, la jara y el cantueso…
¿Saben que estamos ante uno de los mejores ejemplos de ecosistema mediterráneo?
La verdad es que no conozco Hornachuelos, pero me resultó tan atractivo, por el buen estado de conservación al que se hace referencia una y otra vez, que no pude evitar comentarles a nuestros compañeros de la revista Quercus –en busca de ratificación porque ellos son los que saben de esto– lo seductor que me parecía el lugar. Y… ¡sorpresa! Ellos me desvelaron que precisamente aquí, dentro del término municipal de Hornachuelos, hace ya que se instaló un cementerio nuclear de residuos de baja y media actividad. Claro, de repente, en mi cabeza, el verde paisaje idílico comenzó a ennegrecerse…
Pero, acto seguido, lo volví a cambiar de color y lo tremebundo del cementerio nuclear se vio compensado por otra noticia. Resulta que la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, en el marco del proyecto para la Conservación y Reintroducción del Lince Ibérico del programa europeo Life Naturaleza, está ultimando un estudio sociológico que permitirá conocer la actitud de los habitantes de tres poblaciones preseleccionadas para la reintroducción del felino más amenazado del planeta. Y, ¿a que no saben cuál es uno de ellas? Pues sí, el mismo Hornachuelos… Ya ven, paradojas de la vida…
Igual de paradójico resulta que un pueblo como Segura –Guipúzcoa–, que en la Edad Media fue un punto fundamental para el comercio y las comunicaciones entre Castilla y León y el mar Cantábrico, hoy se nos presente como una de esas “olvidadas” poblaciones históricas que han podido conservarse porque muy atrás quedó ese pasado de esplendor…
En fin, que interés a este número no le falta. Y es que, cuando uno se dispone a viajar por nuestro país, debe ser consciente de que el itinerario está lleno de sorpresas... Es la esencia de nuestra forma de hacer turismo.
Post- Scriptum: Ya saben lo que dice el refrán, La primavera, que cante o que llore, no viene nunca sin flores.