Ayer y Hoy
Última actualización 15/07/2008@12:43:26 GMT+1
Una larga historia de esplendor, ocupación y contiendas avalan el patrimonio histórico y arqueológico de la segunda población más importante de Menorca. Desde el siglo X fue Ciutadella la que ostentó la capitalidad de la isla balear –su nombre proviene del latín y es el diminutivo de civitas, ciudad– hasta que los británicos, que dominaron el archipiélago durante el XVIII, la trasladaron a Mahón. Aún así continuó siendo sede del obispado menorquín hasta hoy y tiene el orgullo de ser una de esas pequeñas localidades que lucen imponentes catedrales.
De origen árabe era la muralla que envolvía el conjunto hasta el siglo XIX, cuando fue destruida al perder su valor estratégico y defensivo, y de la que sólo se conservan dos baluartes, el bastión de San Font –sede del Museo Municipal– y el del Gobernador (1), desde donde se tiene una preciosa panorámica del puerto, situado a los pies de la ciudad. Pero por lo que sería el interior de la fortaleza encontraremos los mayores tesoros artísticos de Ciutadella. Entre la plaza de Es Born (2) –presisidida por el Ayuntamiento (3)–, la de Alfonso III, la de Sant Joan (4) –que pone fin al puerto– y el Castell de Sant Nicolau (5) –convertido en Museo de la Reserva de la Biosfera–, se extiende su casco histórico, declarado Monumento Histórico-Artístico, conformado por un laberinto de calles estrechas y empinadas de origen medieval.
Ciutadella también ha sufrido el acoso de los miles de viajeros que cada año llegan hasta las Baleares. Pero ha sabido, igual que la mayor parte de la isla, poner freno al impacto que el turismo pudiera ocasionar, tanto en lo que se refiere a patrimonio arquitectónico, que presume de su buen estado de conservación –a ello contribuye el que la mayor parte de su población vive fuera del casco antiguo– como natural –con una estricta política medioambiental–.